En el momento que una mujer quiere quedarse o se ha quedado embarazada, debe tener en cuenta varios aspectos de su estilo de vida y observar qué efectos pueden tener sobre el feto o su propia salud. En caso de que sean perjudiciales, la madre debe disminuir o eliminar esos aspectos y limitar los posibles efectos adversos que puedan suponer.
Alcohol
Este síndrome se caracteriza por la presencia de fisuras en el paladar y puente nasal ancho, retraso en el crecimiento y defectos neurológicos como la pérdida de audición, menor motricidad fina y anormalidades en el cerebro.
La mujer embarazada no debe consumir alcohol. El consumo de alcohol durante el embarazo supone un alto riesgo de que el feto padezca síndrome alcohólico o hasta la muerte.
Este síndrome se caracteriza por la presencia de fisuras en el paladar y puente nasal ancho, retraso en el crecimiento y defectos neurológicos como la pérdida de audición, menor motricidad fina y anormalidades en el cerebro.
Cafeína
En el embarazo, la metabolización de la cafeína es más lenta y pasa con mayor rapidez a través de la placenta al feto. El alto consumo de cafeína se relaciona con mayor riesgo de aborto espontáneo y bajo peso al nacer. El consumo diario no debe superar los 300 mg.
Fumar/Humo
Fumar o estar expuesta durante un largo periodo de tiempo a una fuente de humo como una chimenea, barbacoa, coches… puede provocar un aumento de la carboxihemoglobina fetal debido a la aspiración de monóxido de carbono presente en el humo. A su vez, la nicotina presente en el tabaco tiene este efecto. Este aumento de la carboxihemoglobina supone una disminución del aporte de oxígeno al feto. Los efectos que provoca este déficit es el incremento del riesgo de aborto espontáneo, embarazo ectópico, parto prematuro, cese del crecimiento fetal y síndrome de muerte súbita del bebé.
Drogas
Edulcorantes
Fármacos
